miércoles, 7 de septiembre de 2011

1 Unidad


 (Resumen)



UN HOGAR PARA LA WEB

Aquel día, con ocasión de la visita que realizaban al MIT acompañado de su hijo, que había solicitado el ingreso en este instituto, estaba conmigo en mi despacho unos amigos griegos, como yo. Era febrero de 1995.

Hablábamos de la tradición, de 150 años ya, del MIT de no otorgar doctorado honoris causa a nadie, por famosos que fuese, así como de otras características de esta gran institución, que han atractiva la han hecho para estudiantes y profesores.

Me sentí turbado tan pronto Salí del ascensor, cuatro hombres del equipo responsable de la World Wide Web – el sistema de redes informáticas que ha tomado el mundo por asalto – se hallaban enzarzados en una animada discusión sobe los periódicos y las impresiones de correo electrónico.

Todo había empezado inocentemente el día anterior en una reunión sobre seguridad informática organizada por el Web Consortium, grupo que a la sazón contaba con cincuenta organizaciones mundiales, encabezadas por el MIT y su socio europeo, el INTRA, que lucha por imponer los estándares de la Web.

Alguien había filtrado los resultados de la votación informal y aquella mañana los titulares de los periódicos anunciaban: “El World Wide Web Consortium decide hacer acerse del estándar de seguridad de la Web”. La gente de Netscape, el principal proveedor de SOFTWARE para navegar por la Web, nos había enviado por correo electrónico un mensaje en el que nos amenazaba con abandonar el consorcio porque el estándar “escogido” no era el de su preferencia.

Albert Vezza, director asociado de nuestro laboratorio. Explicaba que había redactado la explicación por que no era correcta; al día siguiente se publico un desmentido. Aunque yo era el director del laboratorio de Ciencia Informática y, por tanto, responsable ultimo del Web Consortium y sus actividades, poco era lo que me quedaba por hacer.

Aquella maquinita cautivo enteramente mi cabeza y mi corazón. Supe entonces que mi medio de vista seria el diseño de ratones mecánicos en MIT. Ni podía saber yo que aquel pequeño robot era solo un eslabon en una larga cadena de cruciales progresos que llevaría hasta los ordenadores y, finalmente, a la World Wide Web.

Pero el desarrollo de la tecnología había llegado a afectar tan profundamente el mundo. Ya hacia tiempo que se acusaba a la tecnología de todos los males del mundo. En dos años escasos la Web había difundido su aura tecnología y se había convertido en un movimiento cultural esencial que involucraba a millones de personas.
El clic del ratón (informático) de toda su gente, como vueltas en otros tantos millones de picaportes, abrían incontables puertas a la información, el ocio, la aventura, el comercio, la cultura y toda clase de sorpresas en millones de lugares, en la acera de enfrente o en otro continente.

A pesar de que los medios de comunicación continuaban lanzando viejas noticias relativas a las autopistas de la información, el correo electrónico, los CD-ROM de multimedia. La realidad virtual e incluso la Web, en nuestro laboratorio y en otros laboratorios del mundo ya disponíamos de los prototipos de tecnologías mas recientes y fascinantes.

En el frente social y político, además, se discutía con mas frecuencia sobre la pornografía en internet que sobre los proyectos futuros que la era de la información pudiera traer consigo para la guerra y la paz. Silenciosamente, pero sin pausa, la tecnología de la información iba a cambiar pronto y tan profundamente el mundo que el movimiento reclamaría su lugar en la historia como revolución socioeconómica de igual escala e impacto que las dos revoluciones industriales.

También presentaría serio peligros: los pobres podrían ser más pobres y enfermar mas; los delincuentes, las compañías de seguros y sus empleados podrían introducirse en nuestras cuentas bancarias, archivos médicos y correspondencia personal. La mayoría de la gente no sospechaba siquiera que se les venia encima una gigantesca marejada.

Volví a mi despacho, con mi viejo a migo y su familia. Me agradecieron el tiempo que les había dedicado y se marcharon. Aquel otoño encontraría el nombre de su hijo en la clase de los novatos. Nuestros laboratorios se convirtió en la casa de la Web gracias a la combinación de la suerte y planificación de muchas personas. Se le había ofrecido oportunidades de comercializar la Web fundando una compañía o uniéndose a una ya existente y, por tanto, entrando en el club de los millonarios de internet.

Tras una cena en Zúrich y un par de reuniones en Boston comprendimos que compartíamos las mismas ideas básicas. Lo más importante fue que nos compenetramos bien. Sentíamos que podíamos confiar el uno en el otro. El 24 de febrero de 1994 cerramos un acuerdo. Albert vezza había planeado y creado el Web Consortium. Tim, que se había unido al MIT y a nuestro laboratorio, fue su director. Los miembros del consorcio pagarían un arancel anual de cinco mil o cincuenta mil dólares según su tamaño, pero, con independencia del tamaño, el arancel le daría a todas las compañías y universidades iguales derechos a la hora de discutir la futura orientación de la Web bajo la dirección de Tim y tratarían de evitar que se fragmentara en diferentes dialectos Web.

A mediados de 1996, el Web Consortium contaba con ciento cincuenta organizaciones en calidad de miembros. En 1996, el consorcio elaboro en un tiempo record el estándar conocido como parental Internet Content Selection (PICS), que permitía a los padres preparar sus ordenadores para bloquear espacios según las evaluaciones realizadas por productores comerciales, escuelas y grupos cívicos de su elección.

Una noche de marzo 1994, en la montañosa aldea griega de Metsovo, me encontré con George Metakides, un amigo mío que había sido consejero del primer ministro de gracia y que, como yo, tenia la doble ciudadanía norteamericana y de la unión europea. Mientras bebíamos un vino de la región y comíamos unas deliciosas salchichas griegas, elucubramos una doble estrategia europeo-norteamericana que habría de convertir a la red en un verdadero estándar internacional que sirviera a nuestros dos amados hogares.

El paso final fue encontrar una contrapartida europea del laboratorio del MIT, pues que el CERN, nuestro socio originario, decidió dedicarse a la física de partículas. ¿Por qué tantos políticos tenían tanta prisa en cooperar? ¿Por qué tantos altos funcionarios mostraron tanto interés en unirse al consorcio? Pues por que la World Wide Web es una frontera critica en la que se iniciaría algunos de los cambios mas importantes que la era de la información nos tiene reservados.

También por esta razón se esta definiendo otra escena todavía mas espectacular: el flujo de compañías de internet de nueva creación a mediados de años noventa, por las que mercado pago miles de millones de dólares, y el esfuerzo para explotar la frontera mediante fusiones, alianzas y guerras.

Las compañías de Software desean suministrar los programas a centenares de millones de ordenadores, televisiones, teléfonos y otros aparatos nuevos que se conectaran a las redes. Es la consecuencia inevitable del magistral juego desencantado por el progreso técnico de la informática y las comunicaciones durante la segunda mitad del siglo XX y que esta destinado a ser el movimiento socioeconómico del siglo XXI, todo un salto desde aquel ratoncito mecánico


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